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¿El sexo con escorts profesionales es diferente?

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Si algo teníamos en común mi novio y yo, además de vivir en Algeciras, era querer probar, al menos una vez en la vida (como pareja, claro), el intercambio. Era un secreto que llevábamos mucho tiempo escondido en lo más profundo de nosotros y que los dos teníamos miedo y vergüenza de expresar por temor a que el otro se lo tomara mal y las cosas entre nosotros pudieran haber cambiado. Entonces, un día, finalmente, así, casi por diversión, decidí declararlo, y más después de que mi pareja era experto en Putas en Algeciras

Estábamos en el cine viendo una película de terror (este detalle es importante porque deben saber que la historia de la película no tenía nada que ver con lo que estaba ocurriendo no muy lejos de nosotros) y nos dimos cuenta de que en las filas inferiores, las que flanquean la escalera de la izquierda, había unos movimientos extraños. Allí, de hecho, se sentaron cuatro personas, dos hombres y dos mujeres. El orden exacto era: hombre, mujer, hombre, mujer. Así que una de las mujeres estaba sentada entre dos hombres. Este es el que nos llamó la atención. Básicamente se escapaba con fuerza de los tipos que tenía a sus lados mientras la otra, la del extremo derecho, rastrillaba con su mano entre los huevos del que tenía al lado, a su izquierda, y además le lamía el interior de la oreja. Nunca supimos quién era esa compañía que se lo montaba en un cine semivacío durante la proyección de una película de terror, pero eso fue suficiente para que admitiera que si esas eran parejas, me excitaba como un loco. Estar yo en el lugar del que estaba metiendo los dedos en las pollas turgentes me hizo entrar en éxtasis. Esta afirmación dejó a mi novio atónito y me miró primero con una mirada tímida e, inmediatamente después, su expresión asombrada, quizá incluso un poco perdida, se convirtió en una de alegría y picardía. Ni remotamente suponía tener una chica con esas ideas y deseos en la cabeza y esto, dado que era yo quien había dado el primer paso, arriesgando mucho, le llenaba de felicidad.

En el camino de vuelta al coche estuvimos hablando un rato del tema, no de lo que habíamos visto en el cine, sino de cómo podríamos arreglárnoslas para encontrar otra pareja que se decidiera, que aceptara, hacerlo con nosotros. Hablamos de lo que a él y a mí nos gustaba, para encontrar un cuadrado, un punto común sobre el que poder trabajar, iniciar una búsqueda.

Optamos por la clásica visita a un club privado pero enseguida me opuse porque, al ser nuestra primera vez y no tener experiencia en este tipo de cosas, podría no gustarnos esta misma experiencia y el hecho de estar rodeados de gente a nuestro alrededor observándonos, no me atraía. Quería, al menos para nuestro debut en este nuevo mundo, tener un mínimo de intimidad.

Lo que nos “asustaba” a los dos era que seguramente habría habido falta de feeling, ya que lo habríamos hecho, seguramente con algo de vergüenza por mi parte, con dos tipos totalmente desconocidos y la relación sexual podría haberse convertido en algo frío y engorroso, sin implicación.

Toda esa charla, útil, eso sí, había puesto muchas ganas en mí.

Sin que dejara de conducir, puse mi mano en su polla. Me dijo que parara, que tenía que concentrarse en la conducción y que era de noche, pero fingí no oírlo y continué. Le desabroché los pantalones y se la saqué. No sé si lo has intentado alguna vez, pero sacar una polla flácida de unos vaqueros y hacerlo mientras tu novia está sentada no es nada fácil.

He bajado la piel para liberar el pezón. Tuve que hacerlo todo con dos dedos, el pulgar y el índice, ya que no se le había puesto dura, así que tuve que conformarme con la pequeña polla que parecía de un niño pequeño. Seguro que si cuando veraneábamos en Cornellá y este tipo decidía irse de Putas de Cornellá, haría el mayor de los ridículos.